La muerte del corazón en la programación de tarde de la televisión española: De Cantora a la Moncloa

Tras el final de 'Sálvame' y sus derivados, las tardes de la televisión española han dejado atrás el surrealismo para entregarse a la actualidad política y al debate de trinchera.

'Todo es mentira', 'Y ahora Sonsoles', 'El tiempo justo' y 'Directo al grano'
'Todo es mentira', 'Y ahora Sonsoles', 'El tiempo justo' y 'Directo al grano' | Mediaset/Atresmedia/RTVE

La consultora audiovisual GECA ha publicado recientemente su informe sobre Los temas más tratados de la TV española, un estudio que analiza cuáles han sido los asuntos y figuras con mayor presencia en la televisión nacional a lo largo de 2025. El documento confirma una tendencia cada vez más evidente: la actualidad ha dado el sorpasso al corazón.

Este trasvase de intereses resulta especialmente visible en las tardes televisivas. Tras la desaparición de 'Sálvame', después de 14 años de liderazgo, las horas dedicadas a la crónica social se han reducido drásticamente. El corazón ocupa ahora un espacio casi residual en la pequeña pantalla. La alcahuetería sigue existiendo, sí, pero ha mutado de escenario: lo que antes se hacía con la vida de los Pantoja o los Jurado, ahora se practica con los dimes y diretes de los Ábalos y compañía.

El paso del tiempo ha demostrado que la falta de ética no es algo inherente a un género periodístico, sino de quien lo practica. Las malas artes que antes se le achacaban al corazón ahora se ejercen en todos los terrenos. Poco importa la verdad si el titular sirve para revolotear el gallinero. El análisis político se ha empobrecido en favor de las dinámicas de trincheras, simplificando los discursos para exigir la mínima reflexión a los espectadores. Sucesos, catástrofes naturales y politiqueo son los protagonistas de las tardes televisivas en España. Todo ello adornado con titulares impresionados y mucha pantalla cuatripartita en la que ya no caben más ventanillas. 

Los programas son varios, pero no dejan de reproducir los mismos patrones. El primero en abrir la persiana a la actualidad vespertina es Risto Mejide. Su 'Todo es mentira' cumple ya 7 años en antena, con una combinación de humor y discursos grandilocuentes. En una mesa en la que cada vez hay más gente, la demagogia, marca de la casa, siempre flota en el aire, interrumpida de forma abrupta por unos chascarrillos que necesitan ser reforzados con risas enlatadas para sostener su remate. El programa es uno de los puntales de la cadena, superando su media habitual de share, y hay que reconocerle que, al menos, no alcanza los niveles de delirio del 'Horizonte' de Iker Jiménez. Aunque lo de situar a Pilar Rahola como representante de la ala izquierda, es para replantearse hasta qué punto tiene uno atrofiado el eje ideológico.

Similar contenido ofrece 'Directo al grano' en La 1. Marta Flich y Gonzalo Miró han conseguido reflotar las siestas de la cadena pública con un magacín poco original, pero efectivo. Con un sumario de impacto que dura más que el propio programa, los presentadores, con gesto circunspecto, parecen vivir en un estado de alarma permanente. También en RTVE, tras Miró y Flich, llega 'Malas lenguas' a La 2 para después dar el salto a La 1. Es probablemente el magacín vespertino que ofrece un contexto más rico al espectador para hacerse una idea de la actualidad, pero, después de meter a una reportera en medio de una riada, me cuesta ahora mismo destacar sus bondades.

Más allá de la actualidad, algo de corazón siguen manteniendo las grandes cadenas privadas. Muestra de ello son 'El tiempo justo' y 'Y ahora Sonsoles', dos formatos bastante parecidos si no fuera porque Sonsoles Ónega es bastante más espontánea que Joaquín Prat. Y ver en qué punto se encuentra su peinado siempre es de interés nacional. Pero, más allá de las diferencias obvias entre sus presentadores, no dejan de ser programas que siguen la estela de los magacines matinales de la factoría Ana Rosa Quintana. Una vez visto uno, vistos todos. Contenidos que saltan con total ligereza de los asuntos más escabrosos a la entrevista más ñoña, con colaboradores emperifollados en plató como si acudieran a una fiesta de fin de año.

Hay corazón, sí, pero tras el fin de los derivados de 'Sálvame', 'Ni que fuéramos Shhh' y los que vinieron después, la tele ha perdido su dosis de surrealismo. Nos faltan divertimentos que aporten otros puntos de vista frente al tono tremendista que impera en el resto de cadenas. Por las tardes estamos huérfanos de formatos con personalidad, que se diferencien del resto y que no sean simples trituradores de noticias. Contenidos que generen vínculo con su audiencia y que nos evadan de un mundo que los programas actuales ya se han encargado de ensombrecernos.

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Sobre la firma

David Vidal

Hay quien tiene un perro como amigo fiel, un novio o un bonsái; yo escogí la televisión. No me escondo, mi universo cultural no se entiende sin la pequeña pantalla. La critico desde el afecto que le tengo, con la distancia del telespectador eterno y la cercanía de quien lleva ya unos años trabajando dentro de ella.

Más Información

Alexia Rivas y Alejandra Rubio
Risto Mejide en 'Todo es mentira'