La perversión ideológica de Cuatro: De estrenarse con Gabilondo al imperio de Iker Jiménez y Nacho Abad

El tándem formado por Nacho Abad e Iker Jiménez ocupa más de 20 horas en la parrilla de Cuatro: gasolina ideológica para un público ya predispuesto al incendio.

Iker Jiménez, presentador de 'Horizonte' y 'Cuarto Milenio' y Nacho Abad en 'En boca de todos'
Iker Jiménez, presentador de 'Horizonte' y 'Cuarto Milenio' y Nacho Abad en 'En boca de todos' | Mediaset

Hace 20 años llegaba Cuatro a nuestras vidas. Una cadena tirando a roja, tanto en imagen como en contenido, que tenía en Iñaki Gabilondo su principal emblema. Con vocación de prestigio periodístico, el canal fundado por el grupo Prisa tenía un claro sesgo progresista. Con el paso del tiempo y la integración dentro de Mediaset, la cadena fue perdiendo su identidad en beneficio de su hermana, Telecinco. El resultado fue un vaciado ideológico paulatino, en el que la mirada alternativa que había marcado su nacimiento quedó desplazada por un modelo más conservador en lo creativo y más cómodo en lo comercial.

En este afán sin miramientos por atraer a la audiencia, la cadena se ha aferrado en los últimos tiempos a la demagogia de barra de bar para captar a un público que busca respuestas simples a problemas complejos. Poco importa la verdad si la mentira sirve para atraer a más público. Siguiendo los patrones comunicativos de los youtubers más exitosos, los nuevos líderes de opinión del canal muestran su enfado con el mundo para presentarse como salvadores de la patria. Nadie mejor que ellos para dirigir España: opinan de todo con una seguridad envidiable, desde la recolección de la col lombarda hasta el estado de la bragueta de Julio Iglesias.

El populismo se premia en la cadena "roja", y por ello los profesionales de la demagogia tienen cada vez más minutos para esparcir sus teorías. Solo hace falta leer la programación del canal para comprobar que hay un tándem de presentadores que copa gran parte de la parrilla. Casi veinticuatro horas semanales son las que ocupan Iker Jiménez y Nacho Abad en la nueva Cuatro. Dos perfiles, digamos poco moderados, que hacen las delicias de los anunciantes de alarmas a base de asustar a nuestras abuelas.

Iker ya hace tiempo que se cansó de cazar marcianitos y decidió ampliar su radar de observación a la esfera política. El buen rendimiento de su 'Horizonte' ha llevado a la cadena a ampliar su horario con una ración diaria. Junto a los lápices menos afilados del lapicero, el matrimonio Porter-Jiménez habla a su concurrencia como si de los líderes de una secta panameña se tratara. Los milenarios los llaman. Con gestos afectados y reporteros embadurnándose de barro, la nave del Varon Dandy zarpa cada noche con destino a la galaxia del delirio colectivo.

Poco importa la verdad si los que se sientan a tu lado nunca se atreven a contradecirte. La corte de colaboradores de Iker parece sacada del casting de profesores de Hogwarts, pero en su versión del carnaval de Cádiz. Opinadores del todo con la credibilidad de Aramís Fuster. Un desfile de periodistas que trabajan en pseudomedios, combinados con supuestos expertos en la materia de dudosa procedencia. Gafas de colores, mucha pana y un toque de farmatín en una atmósfera de plató digna de la representación del infierno de 'Els Pastorets' de Camprodón.

El otro adalid de la nueva Cuatro es Nacho Abad, el sepulturero de los sucesos por el que pelearon en su día Ana Rosa y Susanna Griso. Nacho, como Iker, también se cansó un poco de lo suyo y decidió ampliar horizontes. Ahora mezcla lo visceral con el análisis, por decir algo, político. Doble ración de programas presentados por Abad en Cuatro, cada mediodía con 'En boca de todos' y 'Código 10' en la noche de los martes.

Para los que vemos la tele con asiduidad, las malas artes de Abad no son una novedad, pero parece que el público con conciencia crítica se dio cuenta de la magnitud del personaje durante la semana trágica de los trenes en España. El erudito en crónica negra se coronaba al retratar a una víctima atrapada en un tren de Rodalies. No solo por las imágenes mostradas, sino por la fingida consideración hacia el público, alertando de la gravedad de lo que les iban a mostrar. Un hecho que no pasó inadvertido para el cómico Quequé, que decidió parodiar al sepulturero de Cuatro de forma sublime. El sketch escoció y, lamentablemente, los talibanes de la naftalina fueron a por el humorista.

Los ultras, que ya vienen calentitos de casa, han encontrado en los programas de Cuatro gasolina para alimentar sus odios. Los voceros de la ultraderecha más rancia se han adueñado de los platós de la cadena y estamos cada vez más cerca de que le den un programa de ciencia a Fran Rivera. Este atrincheramiento ideológico puede resultar útil a Mediaset para congraciarse con los terraplanistas o los socios de la Fundación Francisco Franco, pero genera un rechazo considerable entre el público menos reaccionario. Sus audiencias, por ejemplo en Catalunya, rozan lo testimonial, con un 'Horizonte diario' por debajo del 4% de share. La estrategia genera ruido, pero la nave solo parece capaz de transportar a los ya convencidos.

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