Crítica a 'Las hijas de la criada': Un culebrón con todas las letras que adapta la novela de Sonsoles Ónega sin riesgos

En El Televisero ya hemos visto el estreno de 'Las hijas de la criada', la esperada serie de Atresmedia que adapta la novela de Sonsoles Ónega, ganadora del Premio Planeta, y que llega este domingo 30 de noviembre a su plataforma Atresplayer.

Las hijas de la criada
Alain Hernández y Verónica Sánchez, un matrimonio repleto de problemas en 'Las hijas de la criada'. | Atresmedia

En 2023, la comunicadora Sonsoles Ónega ganó el premio Planeta (es decir, un millón de euros) por su novela 'Las hijas de la criada'. Un retrato sobre la España de finales del siglo XIX y de cómo las mujeres comenzaban a destacar en la sociedad, muchas veces abriéndose camino a codazos para superar a los hombres. La novela fue un éxito de ventas, y era cuestión de tiempo que Atresmedia quisiera adaptar una historia que queda en casa (el grupo Planeta es el principal accionista de Atresmedia). Tras un año de producción, la serie llega a Atresplayer este domingo, 30 de noviembre con ocho capítulos de unos 50 minutos de duración.

Pero no se quedará solo ahí. Si sigue el recorrido de otras producciones similares, luego pasará a Antena 3 y, finalmente, a Netflix. Adaptada por Irene Rodríguez, Alba Lucío y Tatiana Rodríguez, 'Las hijas de la criada' es un culebrón con todas las letras. Pero ese tipo de culebrones más cercanos a las series diarias de época, aunque con buen presupuesto y buena factura visual. Eso sí, pocos riesgos en la adaptación, y siempre siguiendo al pie de la letra el guion establecido. La serie arranca con el parto de las dos protagonistas la misma noche. Una es Inés, casada con Don Gustavo, parte de la poderosa familia Valdés. Por otro lado tenemos a Renata, la criada de la familia. Es decir, drama de mujer rica y mujer pobre.

Ese tipo de enfrentamientos de clases sociales siempre ha funcionado, y 'Las hijas de la criada' no es una excepción. Porque aquí tenemos a Gustavo, al que da vida Alain Hernández (que parece directamente sacado de 'Sueños de libertad'), que engaña a su mujer con Renata, la criada, a la que da vida Carlota Baró, la gran sorpresa de la serie. Su fiereza y determinación no solo se ven en el personaje sino en la mirada de la actriz barcelonesa. Su arrojo y su expresión ruda convierten a Renata en el gran personaje de la serie.

Los fans del libro de Sonsoles Ónega estarán esperando continuamente a que llegue el intercambio de los bebés, que es el punto de inflexión que desatará toda la trama, todo el caos. Porque Renata, para vengarse de que Gustavo reniegue de ella después de haber tenido un pequeño affaire, decide intercambiar a su hija con la de Inés como venganza. Pero también para dar una vida mejor a su hija. Con lo que no contaba es con que Inés, interpretada por Verónica Sánchez, se fuera a marchar a Cuba. Así que las dos hermanas crecerán separadas, y sin saber que son hermanas.

En este primer episodio vemos flashbacks de la familia Valdés en España, intercalados con el presente. Y ya a partir del segundo episodio, no solo viajaremos a Cuba, sino que seguramente ya tenga lugar el salto temporal hacia delante que tiene lugar en la novela. A su favor juega que los capítulos no sean demasiado largos. Pero también las interpretaciones del trío protagonista, destacando sobre todo, como hemos mencionado antes, a Carlota Baró. Aún nos falta por ver a las dos hermanas, a las que darán vida Judith Fernández ('Acacias 38') y Martina Cariddi ('Élite').

Una buena adaptación de la novela de Sonsoles Ónega a la que falta ser más valiente

Carlota Baró y Alain Hernández, amantes en 'Las hijas de la criada'.

La Galicia del siglo XX está cuidada al milímetro, tiene unos escenarios potentes y ese acabado visual es perfecto. Pero donde se resiente más 'Las hijas de la criada' es en el aspecto del guion. Porque todo suena a demasiado acelerado. Sobre todo en lo que tiene que ver con la relación entre Gustavo y Renata. Los actores hacen lo que pueden con lo que tienen, pero no siempre es suficiente. Quizá habría sido mejor esperar a desarrollar mejor el romance prohibido de ellos dos, para que cuando Gustavo reniega de ella, nos doliera más. Pese a ello, la escena del intercambio de las niñas plantea un futuro muy interesante para la serie, y ese final de una Renata derrotada que acaba aceptando su destino: dejar ir a su hija a Cuba y criar como suya a la verdadera hija de los Valdés.

Sonsoles Ónega ha estado muy presente en la adaptación y eso, por supuesto, es un punto a favor. Porque que la autora del material original se implique siempre va a ser una buena noticia. Además, ha dejado caer que el final no solo es diferente al de la novela, sino que encima le gusta más. ¿Estrategia para atrapar a sus lectores hasta el final? ¿O es la realidad? Eso sí, quizá la serie peque de tomarse demasiado en serio en ciertas decisiones de trama (suponemos que este problema vendrá de base, de la propia novela), que pueden ser giros de guion demasiado enrevesados como para convencer al espectador. Quizá 'Las hijas de la criada' necesite un poco más de humor, y sobre todo, creer que puede competir con las grandes series de época, y no sentirse una producción menor.

Álex Villazán ('El refugio atómico') es uno de los protagonistas de la serie.

Y, si tenemos que destacar algo sobre esta historia, es la fuerza del poder femenino. Nos encantan estas tramas en las que las mujeres son el centro, y buscan hacer del mundo un lugar mejor enfrentándose al machismo imperante de la época. Aunque también es verdad que ya en la propia novela, la autora recalcaba demasiado ese aspecto, hasta hacerlo casi inverosímil. En la ficción parece que todo seguirá por el mismo camino.

Así es 'Las hijas de la criada'

Galicia, 1900. En el pazo de Espíritu Santo llegan al mundo dos niñas, Clara y Catalina. La primera pertenece a la criada, Renata, mientras que la segunda es hija de los Valdés, don Gustavo y doña Inés. Una venganza inesperada sacudirá la vida de esas niñas y de todos ellos, y hará que doña Inés tenga que sobrevivir al desamor y al dolor del abandono. Pero también a las luchas de poder para convertir a su verdadera hija en la heredera de un imperio, en una época en la que a las mujeres no se les permitía ser dueñas de sus vidas. 

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