Las redes son el baremo actual para saber si una serie o película funciona o no. Y, si el proyecto tiene suerte y se vuelve viral en TikTok (sobre todo en TikTok), ya no hay más que hacer. Ya tenemos un éxito entre manos. Eso es precisamente lo que ha ocurrido con 'Más que rivales' ('Heated rivalry' en el original), una serie modesta, rodada en menos de dos meses, y que se ha convertido en la serie más comentada desde que se estrenara en noviembre en Estados Unidos y Canadá. Un poco tarde, pero este jueves, 5 de febrero llega a nuestras casas gracias a Movistar Plus+, que estrenará los seis episodios.
Es curioso cómo una historia que hemos visto mil veces (el tropo se denomina rivals to lovers), haya tenido esta repercusión. Sobre todo cuando los protagonistas son dos hombres. Porque 'Más que rivales' es una serie queer. Algunos la acusan de soft porn y, la verdad, es que lo es. No lo esconde en ningún momento. Se basa en los dos primeros libros de 'Game changer', una saga de historias de romances deportivos escrita por Rachel Reid. La autora, gracias a la adaptación, ha conseguido colocar sus libros entre los más vendidos de New York Times, pese a que, al principio, le costaba hablar con la gente sobre ellos.
"Escribo novelas románticas queer sexualmente explícitas sobre jugadores de hockey. Probablemente ya lo sepas, pero lo digo porque es algo que no me siento cómodo contando a todo el mundo. Me encanta hablar de mis libros, y de otros libros como los míos, con fans del romance, pero fuera de esa burbuja maravillosa (y por suerte enorme), hablar de lo que escribo puede ser estresante y darme vergüenza". Así lo admitió en su blog personal. Y es que es verdad que, dentro del mundo literario queer, la gran mayoría de historias son escritas por autoras, al igual que el público, con un porcentaje altísimo de lectoras deseosas de más historias así.
La serie, producida originalmente para la plataforma canadiense Crave, se volvió un éxito absoluto cuando HBO Max adquirió los derechos para Estados Unidos, estrenando los primeros episodios durante Acción de Gracias, quizá la fiesta más popular del país. Y es que da exactamente lo que promete, además de cumplir con las expectativas tanto de los nuevos fans, como de las lectoras que esperaban ansiosas la adaptación. Son solo seis episodios, y ninguno supera la hora de duración. Pero tampoco hace falta más. 'Más que rivales' va directamente al grano. A los 15 minutos del primer episodio, uno de los personajes ya se está masturbando delante del otro en las duchas compartidas.
Pero hablemos de la trama de la serie. Nos sumerge en la élite del hockey profesional. La trama se centra en Shane Hollander (Hudson Williams) e Ilya Rozanov (Connor Storrie), dos estrellas mundiales cuya feroz rivalidad en la pista esconde una atracción eléctrica e incontrolable. A lo largo de los años, lo que empieza como un encuentro fortuito evoluciona en una profunda historia de amor y autodescubrimiento. En un mundo donde la imagen lo es todo y la identidad sigue siendo un desafío, Shane e Ilya deberán elegir entre la gloria deportiva o la verdad de sus sentimientos.
Y es que 'Más que rivales' no transcurre en un mes, o un año. La historia abarca cerca de una década. Desde que Hollander y Rozanov se conocen siendo unos adolescentes de 17 años, hasta casi la treintena, cuando tienen su relación más que establecida. Lástima que no conozcamos mucho más de ellos, salvo los clichés de chico responsable y centrado en su carrera (Hollander) frente al frialdad pero también punto de rebeldía de Rozanov. Es verdad que la química entre los dos actores, Williams y Storrie, es brutal. Gracias a ellos la serie se sostiene, y tienes ganas de saber más. El hockey es la mera excusa, porque no vemos casi ningún partido, y lo poco que nos cuentan es difuso y poco interesante.

Ambos juegan en diferentes equipos. Uno en Montreal, otro en Boston. Pero se encuentran a lo largo de los años, tanto en partidos regulares como en los playoffs. Y, desde que salta la primera chispa, con un par de felaciones en el hotel, desde ahí el fuego entre ambos es tal que ponen sus carreras en peligro. Porque seamos sinceros, por mucho que estemos en 2026, aún hay miedo en el mundo del deporte profesional a salir del armario públicamente. De hecho, en la NHL (National Hockey League) no hay ningún jugador en activo que sea abiertamente gay.
Pero eso no quiere decir que no haya, que no existan. Por mera cuestión de probabilidad, debe de haber unos cuantos. El problema es que el mundo del deporte profesional sigue siendo demasiado machista y heterocéntrico, algo que trata 'Más que rivales', aunque de una manera bastante superficial, al igual que toda la trama. Aunque no le hace falta más. Solo queremos verles a ellos, retozando en habitaciones de hotel, dedicándose miradas en los vestuarios o en los partidos, y deseando con todas nuestras fuerzas que les vaya bien, que tengan su historia de amor con final feliz.
No vamos a desvelar el final, por supuesto. Sí que hay algunos cambios necesarios en la trama hacia la mitad de la temporada. Como, por ejemplo, la introducción de otro jugador gay. Tampoco canibaliza la historia, pero es un soplo de aire fresco que le viene muy bien a la ficción. Que, por otro lado, tampoco ofrece mucho más. 'Más que rivales' se ve en un suspiro, y funciona como un tiro. No dejas de querer seguir viendo un episodio tras otro, aunque no es tan 'porno' como la pintan. Es decir, ambos actores se las ingenian continuamente para que no se vean ciertas partes en cámara. ¿El culo? Perfecto. Todas las veces que quieras. Si ya hablamos de otras cosas, eso ya es más complicado.

Y quizá sea ese el truco. Ser muy explícitos, pero tampoco tanto. Porque uno de sus puntos fuertes, aunque roza la autoparodia en muchos momentos, son los diálogos que tienen ambos en cada uno de sus encuentros sexuales. Sí, tienen cuerpos de escándalo, y están siempre perfectamente sudados y brillantes, con la mejor iluminación posible. Pero, entre medias de alguna masturbación o algo más, siempre hablan entre ellos. Se pican, se vacilan y también se abren emocionalmente.
Cada capítulo va saltando en el tiempo. Hay momentos en la línea temporal que solo duran unos minutos y, de repente, ya estamos en cuatro meses después, en seis meses después… Quizá pueda descolocar al principio, pero al final uno acaba haciéndose a ello. 'Más que rivales' no habría tenido mucha más repercusión si HBO MAX Estados Unidos no hubiera decidido estrenarla en un fin de semana tan propicio como Acción de Gracias. No tiene nada que no hayamos visto ya decenas de veces, pero la química entre sus protagonistas, y su falta absoluta de vergüenza hacen que sea un entretenimiento perfecto.
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Sobre la firma
Desde pequeño, siempre he amado escribir por encima de todas las cosas, y por suerte (y con mucho trabajo), estoy cumpliendo mi sueño día tras día. No solo escribiendo y publicando libros (el último, 'El día después de todos' con Penguin Random House), sino escribiendo ahora en El Televisero sobre cine y series.




