Más allá del incómodo adiós de Àngels Barceló, estos días no se habla de otra cosa en los corrillos televisivos que del embrollo relacionado con los derechos del Rosco de Pasapalabra. ¿Cómo resistirá el concurso en Antena 3 sin su prueba más icónica y qué cambios tendrá que acometer? ¿Cómo funcionará el Rosco en Telecinco, ahora dueña de sus derechos?
Como de temas legales entiendo más bien poco, me ceñiré a la objetividad que nos aportan los datos para analizar la importancia de un formato que ha influenciado como ninguno en la suerte de los grupos audiovisuales de este país. Telecinco fue durante muchos años la cadena más vista en España. Una década de liderazgo ininterrumpido que empezó en 2012 y que se vio truncada en 2022 cuando Antena 3 le arrebató el primer puesto. Y ahí sigue desde entonces. Un cambio de ciclo que se empezó a fraguar en 2020, cuando el principal canal de Atresmedia se hizo con los derechos de Pasapalabra tras perderlos Mediaset por ahorrarse cuatro perras.
Y esa será siempre la mancha negra en el currículum de Paolo Vasile. El magnate italiano perdió su reino el día que perdió Pasapalabra. El fin del concurso en Telecinco no solo supuso la deriva profesional de Christian Gálvez, sino también la de toda una cadena que sigue sin encontrar su rumbo. Pasapalabra le aportaba a la cadena de Vasile el maquillaje perfecto para suavizar la agresividad de su corazón. Un espacio familiar que reunía a un público poco avezado en las miserias ajenas y que ofrecía a Telecinco la capacidad de complementar su cartera de espectadores con un mosaico más diverso.
Pasapalabra echó el cierre en Telecinco tras una orden judicial en 2019. Con su final no solo dejó un agujero negro en su franja, sino que también fue lastrando progresivamente el informativo de Pedro Piqueras que venía después. Un efecto dominó, por delante y por detrás, que terminó repercutiendo en toda la cadena.
Teniendo en cuenta el balance de resultados que nos ofrecen los datos del pasado, ¿cómo la pérdida del Rosco puede afectar al devenir de Antena 3? Los tiempos son otros de cuando el trasvase se produjo a la inversa, pero es innegable que actualmente Pasapalabra es una pieza de valor incalculable en la parrilla del principal canal de Atresmedia. El programa de Roberto Leal es líder indiscutible en su franja, doblando prácticamente cada día a su principal competidor. Basta con ver los datos que cosechan sus especiales nocturnos cuando hay entrega de bote para darse cuenta de la magnitud del fenómeno. El último de ellos, en febrero de este año: 3,7 millones de espectadores y un 36,8% de share. Audiencias estratosféricas en la noche que lo sitúan entre las emisiones más vistas del año.
Los daños colaterales de su posible marcha también hay que tenerlos en cuenta. Pasapalabra sirve un colchón de espectadores muy generoso al informativo de Vicente Vallés. Hace algún tiempo, Paolo Vasile dijo que “quien gana la tarde gana el mes”, y, como se ha demostrado, tenía razón. Ganar la tarde por inercia te puede llevar a ganar la noche y, con ello, la franja de mayor consumo. Antena 3 Noticias le debe mucho a Pasapalabra. Y probablemente El Hormiguero de Pablo Motos también.
Es verdad que la cadena tiene otros puntales en su parrilla, como La ruleta de la suerte o Tu cara me suena, pero ninguno tan estratégico como el Rosco de Pasapalabra. Telecinco también tenía Sálvame y Supervivientes brillando en su parrilla, pero de poco le sirvieron para ganar el año cuando Antena 3 se hizo con el concurso.
Veinticinco letras, dos concursantes y un Rosco puesto por grafismo en la pantalla. Un momento del día de apenas 20 minutos que condiciona gran parte de la fortuna de toda una cadena. Nadie, en su sano juicio, querría desprenderse de él. Ni el buen hacer de Roberto Leal posiblemente sea suficiente para retener a la audiencia cuando el Rosco cambie a la pantalla de Telecinco.
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Sobre la firma
Hay quien tiene un perro como amigo fiel, un novio o un bonsái; yo escogí la televisión. No me escondo, mi universo cultural no se entiende sin la pequeña pantalla. La critico desde el afecto que le tengo, con la distancia del telespectador eterno y la cercanía de quien lleva ya unos años trabajando dentro de ella.




