ANÁLISIS DE AUDIENCIAS | Semana del 8 al 14 de enero de 2018
Del primer ‘Gran Hermano’ a los realities que se emiten actualmente en España han pasado casi 20 años. El género se ha diversificado en mil y una opciones, perdiendo parte de su pureza pero adaptándose al gusto de cada consumidor.
Los realities de Cuatro tienen su sello propio; puntos de partida sencillos con un trabajo faraónico de edición. El humor vertebra las historias contadas, se narran realidades reconocibles pero exageradas hasta el extremo más bizarro. Después de años de éxito como celestinos de las almas más desesperadas de la sociedad española, con los tórpidos o los granjeros, ahora es el turno de la cocina como pretexto para la telerealidad. ‘Ven a cenar conmigo’, el concurso que ya pasó por Antena 3 en el que cinco anónimos ejercen de anfitriones, intenta hacerse un hueco en la parrilla de Cuatro. De momento los datos de audiencia no son para tirar cohetes, pero la buena acogida en Twitter y la tendencia al alza de su share hacen presagiar que todavía puede batallar por su permanencia. Es un formato de consumo fácil y con un montaje enloquecido que actúa como un perfecto sedante sobre nuestras rutinas. El problema reside en su programación, se emite dos veces al día, mediodía y noche, compitiendo frontalmente con todos los informativos. Y es que nadie sabe cuando “lo dan” y requiere de cierta fidelización al tratarse de los mismos personajes durante toda la semana. El programa cuenta con muchos elementos para el entretenimiento que bien merecen un mejor posicionamiento dentro de la cadena.
El reality es la eterna tarea pendiente de Antena 3. Muchos lo han intentado y la única apuesta que se mantiene en la cadena una temporada más es ‘Casados a primera vista’. El programa estrenaba el jueves su cuarta edición ante un tibio 11,4% de share. Si en Cuatro saben adornar sus realities con un montaje endiablado, en Antena 3 no terminan de encontrar el tono y ‘Casados a primera vista’ navega entre dos aguas sin terminar de encontrar el rumbo. En el momento en que dos personas se casan sin conocerse hay tanta desesperación por intentar darle valor a sus vidas, que si no lo envuelves con sentido del humor puedes terminar ahondando en un drama real con envoltorio de telefilm barato. Pese a la indefinición de su estilo, el programa consigue momentos desternillantes gracias al surrealismo que propicia su punto de partida. La expectativa que genera las reacciones de los dos contrayentes al conocer a su conyugue, y sobre todo las de sus familias, ofrece un abanico de comentarios y miradas impagable.

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Sobre la firma
Hay quien tiene un perro como amigo fiel, un novio o un bonsái; yo escogí la televisión. No me escondo, mi universo cultural no se entiende sin la pequeña pantalla. La critico desde el afecto que le tengo, con la distancia del telespectador eterno y la cercanía de quien lleva ya unos años trabajando dentro de ella.




