‘Sálvame’ cumple 14 años: un formato innovador y eterno, como Mila Ximénez

El formato de La Fábrica de la Tele es todo un ejemplo de innovación televisiva aunque algunos insistan en desprestigiarlo

Terelu Campos, Jorge Javier Vázquez y María Patiño en el desfile de la 'Sálvame Fashion Week' en homenaje a Mila Ximénez.
Terelu Campos, Jorge Javier Vázquez y María Patiño en el desfile de la 'Sálvame Fashion Week' en homenaje a Mila Ximénez. | Mediaset

Sálvame’ cumple 14 años aunque muchos a diario deseen que uno de los programas más exitosos de la televisión nunca hubiera existido. Fue el 27 de abril de 2009 cuando Telecinco apostaba por el formato de La Fábrica de la Tele para la sobremesa de lunes a viernes después de ser todo un éxito comentando ‘Supervivientes’ en el late night. Lo que no esperaba absolutamente nadie es que lo que empezaba como una prueba de Telecinco para realzar sus audiencias se iba a convertir en el buque insignia de la cadena y que durante años iba a marcar la agenda del resto de programas. Lo que pasa en ‘Sálvame’ se comenta en el resto de la parrilla. Sin comerlo ni beberlo ‘Sálvame’ se convertía en la gallina de los huevos de oro de Telecinco.

Es normal que un formato tan bizarro a la vez que polémico y, por qué no decirlo, con grandes errores a lo largo de su trayectoria, se gane enemigos a diario. No reconocerlo sería un desatino y de demostrar una torpeza absoluta. Pero, pese a sus faltas, sigue en emisión y, catorce años después, incluso aquellos que se empeñan semana a semana a sentenciar su muerte deberían reconocer que es el programa más revolucionario de la televisión desde la emisión de la primera edición de ‘Gran Hermano’.

Si algo ha demostrado ‘Sálvame’ a lo largo de su historia es que se trata de un programa que se adapta a cualquier circunstancia. Si el mundo se hunde, nos lo contarán Jorge Javier y los colaboradores. Y si de cuatro a siete de la tarde estalla la guerra de Ucrania o muere alguien como el rey Juan Carlos, nos enteraremos por Adela González, y a la espera de que empiece un especial, ‘Sálvame’ colocará su mesa informativa y en cuestión de minutos habrá cambiado por completo el ritmo del programa para que su más de un millón de espectadores estén al corriente de lo que sucede en el mundo. Porque ante todo, ‘Sálvame’ es un programa vivo.

«En ‘Sálvame’ el plató no tiene límites y si es necesario por el bien del espectáculo, se rompen todos los protocolos tradicionales de la televisión«.

‘Sálvame’ es pionero en enseñar sin prejuicios ni lamentos las instalaciones y los entresijos de la televisión. Las broncas entre los colaboradores, o incluso entre estos y la dirección del programa, han hecho que poco a poco ‘Sálvame’ sea la mejor escuela para aquellos que quieren hacer televisión de entretenimiento. El control de realización se enseña, las reuniones de escaleta se comentan y se graban por si es necesario emitirlas; y hasta los directores están a un paso de los colaboradores por si en algún momento tienen que salir detrás de una Lydia Lozano, que en un arranque de llanto abandona el plató. Antes de ‘Sálvame’, cuando en un programa se vivía una situación de tensión o descontrol en plató, normalmente se recurría a la publicidad, y en ‘Sálvame’ ocurre todo lo contrario: se utiliza el caos para hacer televisión.

Todos recordamos a algún colaborador de ‘Sálvame’ abandonando el plató. Con ello, aprendemos que irse en directo no es una falta de respeto, sino un elemento más del espectáculo. ‘Sálvame’ convierte su pequeño plató en una casa de ‘Gran Hermano’ donde hacer su particular reality, pero a diferencia del reality en ‘Sálvame’ el plató no tiene límites y si es necesario por el bien del espectáculo, se rompen todos los protocolos tradicionales de la televisión. Si es necesario grabar a Chelo García-Cortés mientras acude en ambulancia al hospital, se graba. Y si el programa hay que hacerlo en ‘La muralla’ mientras los colaboradores beben agua con misterio, pues también. En ‘Sálvame’ lo importante es la historia, y la calidad de la imagen o la iluminación queda en segundo plano en favor de la trama. En tiempos de realización planificada, limpia y sin errores, se hacen virguerías con un croma. Y que un colaborador se cruce en plano es una cotidianidad más.

Ver los pasillos de Mediaset, el control de realización o el baño donde cada día hace pis Kiko Matamoros antes de entrar al plató también humaniza a aquellos que hacen ‘Sálvame’. Y, aunque parezca una tontería y hasta entonces una falta de respeto, ver comer a los colaboradores los hace más humanos y cercanos. Porque tú, desde tu casa, mientras te preparas la merienda, estás viendo a Jorge Javier pedir sus ibéricos, a Anabel Pantoja echándose mayonesa o a Belén Esteban pidiendo un zumo porque le está dando un bajón de azúcar. Al final, ellos son uno más. Como tú y como yo. En definitiva, para mucha gente, los colaboradores de ‘Sálvame’ son una vecina o esa familia con la que merendar y pasar la tarde. Aunque a diferencia de tu vecina, los colaboradores de ‘Sálvame’ son grandes estrellas de la televisión.

‘Sálvame’ logra la democratización de la prensa del corazón y consigue que alguien de la calle, alejado de esa Marbella lujosa o esas élites que ocupan las portadas del ¡Hola!, se convierta durante minutos, horas, días o meses en la persona más buscada. Son expertos en fabricar famosos. Eso sí, la mayoría con caducidad temprana, pero lo suficiente para que Dolores, mi abuela, no se levante del sofá aunque sus amigas le digan de ir a caminar. Y cuando no hay tramas ni personajes nuevos, en ‘Sálvame’ o se crean o se exprime a su valiosa cantera de colaboradores de los que, gracias al programa, lo conocemos absolutamente todo. Y ellos, aunque a días sufren, se desviven por el espectáculo.

«Los colaboradores de ‘Sálvame’ son una vecina o esa familia con la que merendar y pasar la tarde«.

Las lágrimas son muy habituales en ‘Sálvame’. A veces demasiado, pero como la misma Lydia Lozano, se pasa del llanto a la risa en cuestión de minutos. ‘Sálvame’ deja atrás el habitual dramatismo de la prensa del corazón para añadir en (casi) todos sus contenidos y vídeos un tono ácido y cómico que no sería el mismo sin el trabajo de redactores como Miriam, Germán, Javier, Narcís y otros muchos. Y en esta línea el espacio encuentra su mejor aliado en Jorge Javier o en su día en Paz Padilla (la antigua, no la de ahora), que saben a la perfección cuándo poner seriedad de más o de menos. Ambos han sido los maestros de ceremonia perfectos que han convertido una situación dramática, como la estafa de Aramís Fuster cuando vendía estar coja y el programa la pilló caminando, en todo un momento icónico de la televisión con Paz Padilla cantándole una saeta en las instalaciones de Mediaset cuando esta huía de la pillada del programa.

Tampoco nos debemos centrar mucho en los presentadores de ‘Sálvame’. Aunque tienen su importancia y encender la tele y ver a Jorge Javier Vázquez siempre es un plus, el formato de La Fábrica de la Tele no depende de sus maestros de ceremonia. Da igual si falta el catalán, Terelu Campos, Adela González, Núria Marín o María Patiño, que el espectáculo sigue. O, si no, que presenten los colaboradores como durante meses hicieron con ‘Sálvame Limón’, que hasta lo presentó Maite Galdeano. Y no pasa nada.

‘Sálvame’ es un programa con una adaptación a las circunstancias sensacional. A lo largo de estos 14 años ha sido un paralelismo de la sociedad. Cuando se podía insultar a alguien en directo o derramarle un vaso de agua, se hacía, y cuando dejaron de ser actitudes aceptadas, se dejó de hacer. En lo tecnológico también van de la mano. Cuando nadie utilizaba hashtag, ‘Sálvame’ usaba varios cada tarde. “#Cuartomylenia”, escribieron para presentar un reportaje de investigación que había hecho Ylenia Padilla y “#Hastaeltoño” para mostrar las quejas de la audiencia sobre Toño Sanchís.

Ahora, catorce años después, los hashtags han desaparecido, pero el espectáculo sigue siendo el mismo adaptado a los tiempos actuales. Eso sí, sin Mila Ximénez. No hay día que la audiencia no eche de menos a la mejor colaboradora que ha tenido ‘Sálvame’ en toda su historia. Un terremoto dentro y fuera del plató que representaba la pura esencia del programa. Y, por eso, hoy se le vuelve a rendir homenaje. Porque Mila es eterna. Como ‘Sálvame’.

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