OPINIÓN | Al rincón de sentir


Al Rincón de Pensar deja entornadas sus puertas. Volverán con una segunda temporada. Lo confirmaban ayer al término de su última entrega que tuvo como invitados a la cantante Vanesa Martín y al propio Risto Mejide que se sometía a una conversación  cargo de José Corbacho.

Ocho entregas con un broche de oro. Ambas conversaciones mantuvieron el nivel al que el publicista nos tiene acostumbrados. Más de un 9% de share, con 442.000 espectadores siguieron atentamente el último episodio de la aventura más trasparente de Mejide. 
Cuando todo comenzó, hace ahora dos meses los twitteros celebraron lo que, según ellos, era un mal resultado de audiencia que, como ya analizamos aquí, no lo fue tanto. Recordemos que un formato de este estilo, en el late night, que cuente con un share de ese punto es todo un logro. Muchos se alegraron de ese supuesto fracaso como si fuesen fieles seguidores del Chester, como si el publicista no pudiese mudarse de cadena, como si no tuviese que contar con la libertad de dejar atrás aquello con lo que no se siente cómodo. Algunos acusaron una similitud entre ambos formatos. Como si fuese en detrimento para el espacio, que dicho sea de paso, es lo que todos queríamos volver a ver. 
Risto sometió anoche a su conversación a la cantante Vanesa Martín. Artista poco proclive a conceder entrevistas que no tengan que ver con su aspecto profesional del que, obviamente, también hablaron. Mejide le preguntó directo: «¿qué has tenido con Malú?», a raíz de los rumores que los mentideros cuentan que tuvieron algo más que una amistad. Por otra parte, declarándole su amor, el presentador aseguró que había tirado la toalla a sabiendas de que a la artista le gustaban las mujeres. Algo que ella negaba tajantemente asegurando que ella se enamora de «la piel, y la magia de las personas». Poética y metafórica. Un tú a tú que acabó con la promesa de tomar una larga copa de vino que podría acabar en vete a saber qué. Seguidamente, Corbacho cogía el papel de presentador, enfundado en un traje negro, a lo que no nos tiene acostumbrados, para someter a Risto a un tercer grado emocional. Fue honesto, se sinceró, como un ejercicio de empatía con los invitados que han pasado por el Rincón. «Muchos pensarán que es un ejercicio de egolatría», aseguraba Mejide. «Pero me la suda», sentenciaba. No esperábamos otro cierre. Era el necesario, el justo, y que nos clavaba en la butaca de la misma manera.
Ahora, cuando la renovación del Chester está en el aire, el Rincón de Pensar goza de buena salud. ¿Dónde reside la diferencia? Que cada uno lo decida. Al menos veremos ocho entregas más. No sabemos si con el mismo nombre o si presentado por otra persona, algo que Risto modificaba, spray en mano. Entendemos que tiene más que ver con el suspense.

Mejide terminó pidiendo perdón a Corbacho por no sumarse a un proyecto que esperamos algún día lleven a cabo. Yo tengo que hacer lo propio. Me sincero, tiro de piel y pido perdón. El prejuicio es mal compañero. En el Chester no me dejaba ver el bosque, cuando me despojé de mis escrúpulos disfruté. Se convirtió en un imprescindible en mi mando. Del mismo modo que lo ha sido durante cuatro semanas este programa. Para quienes disfrutamos de las conversaciones cercanas, sin ataduras, sin tabús este espacio es una gozada. Solo espero que no quede aquí. Que las televisiones apuesten por la calidad más allá de los porcentajes es algo que me hace mantener la confianza en las cadenas que apuestan por ello. Pido perdón y doy las gracias, Risto. Por participar, crear y seguir con estos formatos que son necesarios.

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