Crítica de la semana: El desengaño de Tamara Falcó, entre la empatía y el morbo

ANÁLISIS | Semana del 26 de septiembre al 2 de octubre de 2022

No hay cosa más democrática que el desamor. A todos nos toca por igual, independientemente de nuestra clase social. Por ello es fácil ponernos en el lugar del que lo padece, ya que todos en algún momento hemos transitado por ese estado de rumiación doliente que condiciona las 24 horas de nuestro día a día. Por muy lejano que nos pueda parecer un personaje, cuando el drama amoroso llega su vida y este se hace público para el espectador, la empatía florece en una audiencia ávida de historias que nos son tremendamente reconocibles.

En esta ocasión voy a dejar a parte las consideraciones morales que me merece Tamara Falcó para fijarme solo en su historia. Como dice Samantha Hudson, a veces hay que separar el artista de su obra. Y la obra de Tamara es su vida personal, heredada y labrada a lo largo de los años después de nacer de las entrañas de la reina de corazones.

Esta semana el culebrón de la marquesa ha llegado su clímax.  Ya sabemos que este chicle puede estirarse hasta la extenuación, pero con las apariciones públicas de Falcó finaliza por lo menos el primer acto. La hija de Isabel Preysler rompía su silencio en ‘Sálvame’ a través de una llamada telefónica de Jorge Javier Vázquez a su representante cuando estas compartían trayecto en coche. Nadie lo esperaba y Tamara conquistó al pueblo llano con este regalo en forma de primeras declaraciones tras el anuncio de su ruptura.

La entrada espontanea de la gran protagonista del mes en el formato vespertino fue un giro de guión del todo inesperado para los presentes. Teniendo en cuenta que el jueves iba a estar en su nido de hormigas de Antena 3, pocos se imaginaban que regalaría su testimonio a la competencia. Pero así fue, Tamara se ganó los oles de los plebeyos que ensalzaron su figura por su magnanimidad al entrar en directo para conversar con JJ Vázquez sin beneficio alguno. No creo que fuera un acto premeditado, pero sí considerado. La marquesa bajaba al barro en ese momento para acercarse a los que a fin de cuentas le pagan los zapatos.

Después de un photocall maravilloso con una frase metaversiana para el recuerdo, Tamara Falcó volvía a ponerse delante de los focos el jueves para convertirse en la gran protagonista de ‘El Hormiguero’. La madrileña le daba a su programa uno de los mejores datos de la temporada con un estupendo 19,8% de share. Tuvo mucho más tiempo para explayarse que en ‘Sálvame’, pero como era de esperar en el circo de Pablo Motos, el contenido fue mucho menos provechoso. Interrupciones innecesarias, efectos sonoros fuera de lugar y una protagonista intentando adaptarse al contexto del formato que hace imposible cualquier entrevista con algo de profundidad.

Con todo esto, ¿por qué la traición a Tamara Falcó lleva más de una semana copando las informaciones de los medios de comunicación? ¿Por qué los espectadores están tan enganchados a su historia? Pues hay un poco de autosatisfacción en la comparación, algo de empatía y también algo tan simple como el morbo. Cuando en un grupo de amigos hay una pareja que hace aguas, el resto de ellas comentan en la soledad de sus casas la desdicha de los separados y reafirman sin maldad su propia condición de enamorados frente al desastre del resto. Sin saber, o quizás una de las partes de la pareja sí, que pueden ser los siguientes.

No somos tan malos ni tan buenos por disfrutar del drama de Tamara. Supongo que el dolor de una ruptura nos acerca relativamente más a ella en estos momentos, por ser de lo poco que vamos a compartir entre su vida y la nuestra, pero también es verdad que hay un punto de crueldad en el enganche, y es que cómo más se complica el culebrón más nos entretiene.

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